La primera cita (textual) - voces

by Jada Sirkin

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La primera cita (textual)



Este relato podría armarse de diferentes maneras. Una sería: Mabel y Juan Carlos se encuentran por primera vez, es decir, nunca antes en la historia de la galaxia estas dos bestias se sentaron en la misma confitería.
Uno de los dos hace un gesto tímido con la servilleta y dice:
-¿Qué cosa no le dirías a alguien en una primera cita?
El otro suelta una risa y después se quedan en silencio. Pasan el día, el tiempo, y el mundo se acaba.

Otra opción para el relato sería: antes de encontrarse por primera vez, Mabel y Juan Carlos deciden no tener una primera cita, es decir, empezar directo con la segunda. Dale, dicen, que cada uno se imagine la primera cita como quiera, y nos encontramos como si ya nos hubiéramos encontrado. Dale, dicen, como si ya nos hubiésemos besado. Ahí se quedan con el tubo del teléfono suspendido, respirando, y a uno se le ocurre:
-¿Y si nos encontramos como si nunca nos fuéramos a encontrar?

Otra opción para esta historia sería imaginarnos un bar en el que una noche, por una misteriosa coincidencia, una cantidad infernal de parejas se dan a su primer encuentro. Como si un mismo mal aquejara a todas las mesas, los dúos empiezan de pronto a decir, compulsivamente, las cosas más obscenas, como si fueran máquinas de citar guiones de escenas extranjeras. Como si se hubieran traspapelado algunas páginas del libreto de los diálogos del mundo. Así, esa noche se convierte en el peor error de la historia del cine. La cámara, como flotando, recorre los pasillos del bar, entre las mesas, como en una película alemana; los mozos, con la bandeja en alto, quedan congelados, pasmados ante el fenómeno, como en una película francesa. Superpuestas y rotas, oímos las frases de los autómatas, despedazadas por la simultaneidad, como en una película norteamericana:

(...)

-Qué imaginación –dice uno de los dos, Mabel o Juan Carlos.
¿Quién tiene más imaginación? ¿Mabel o Juan Carlos?
-¿Qué es tener imaginación? –dice Juan Carlos.
-No sé –dice Mabel, y juega con el sobre de azúcar-, ¿te acordás cuando en los cafés te daban el terroncito?
-Mabel...
-¿Qué?
-Me gustó que dijeras... terroncito.
Hay un momento en la primera cita en que la locura está por decir algo. Tal vez nunca lo dice, o lo dice infinitamente pero es indescifrable como un beso. Desde su silla, Juan Carlos vio el pin. Escondido entre la chaqueta y la blusa de Mabel, el pin declaraba, aunque a escondidas, sus inclinaciones políticas.
No haberlo visto, Dios, no haberlo visto. Juan Carlos se agarró la frente, intentó esconderse. ¿Cómo besar una piel que se inclinaba hacia el otro bando? Ay, Mabel, tan perfecta pero tan del otro lado. La mesa, el sobrecito de azúcar, tus manos inquietas, un único amor nacido de un único odio, tus ganas de hacerme sexo, cómo me vengo a enamorar de una gorila de la selva de enfrente.
¿Qué habría sucedido si Juan Carlos no hubiera visto el pin en la blusa de Mabel? ¿Qué habría sucedido, querido lector, si tus padres no se hubieran conocido?
-Acá venía con mi viejo –habría dicho Juan Carlos.
-¿Tu padre vive? –habría preguntado Mabel.
-Depende.
-¿Depende? ¿De qué?
-De qué entendés por: “vive”.
-Ay, Juanca –diría ella-, qué rarezas decís de a ratos-. Y se pondría nerviosa y tiraría, tal vez, la copa de vino. En ese caso, el vino recorrería la mesa de un lado al otro y caería, denso, sobre el pantalón de Juan Carlos. Él saltaría gritando “la puta madre” y ella se levantaría, agarrándose la cara, diciendo una y otra vez:
-Qué torpe, qué torpe.
-Mi viejo decía que un buen abogado, para ser bueno, tiene que saber ocultar su torpeza. Tanto, decía, tanto, que ni se note que la está ocultando.
Mabel sonreiría y diría lo siento sólo moviendo los labios. Juan Carlos dudaría de si contarle o no que ese pantalón, ahora arrasado por el vino tinto, era el regalo que su padre le había hecho al empezar la carrera.
-¿Te casarías con una mujer torpe? –diría Mabel, volviendo a sentarse.
-Ay, Mabel, qué preguntás –diría Juan Carlos-, jamás me casaría.
-Juan Carlos...
-¿Qué?
-No se le dice eso a una señorita en la primera cita.
-¿Qué cosa?
-Nada, no importa.
-Mabel...
-¿Qué?
-Toda cita es una cita a ciegas... Uno nunca sabe con qué se va a encontrar.
-Juan Carlos...
-¿Qué?
-¿Me darías un beso si te dijera que soy antiperonista?
-Depende.

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released June 14, 2016

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Jada Sirkin Ciudad Autónoma De Buenos Aires, Argentina

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